Educación (a pesar de todo)

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Durante nuestras vidas, vamos a experimentar una transformación radical en el sector de la educación superior. Es inevitable que las universidades cambien porque no están satisfaciendo su principio básico: preparar a los jóvenes para llevar una vida gratificante y enriquecedora.

Aunque esta misión ha cambiado a lo largo del tiempo, la idea principal ha quedado clara: fomentar un ámbito en el cual los universitarios puedan ver, criticar, e intentar comprender mejor el mundo. La utilidad intrínseca de este asunto ha sido divulgar estas ideas entre nuestras comunidades, ya sea a través del ámbito profesional, a través del gubernamental o del espiritual, según elijan los alumnos después de graduarse.

Sin embargo, últimamente esta misión ha sido diluida, ignorada y hasta olvidada. Muchas de las universidades más prestigiosas, sobre todo en Estados Unidos, se han convertido en fondos de cobertura, con algunas que gestionan carteras valoradas en unos 30 mil millones de dólares gracias al alto coste de la matrícula y las generosas donaciones de sus antiguos alumnos. Asimismo, se está viendo un aumento considerable en el número de universidades privadas, cuya meta principal es generar rentabilidad para sus accionistas en vez de crear valor social a través de la enseñanza. Nunca ha sido tan fácil aprovechar las economías de escala en el sector de la educación superior, si consideramos el hecho de que los profesores pueden impartir sus asignaturas por Internet, minimizando el coste marginal de aceptar a estudiantes nuevos mientras que maximizan las oportunidades para cobrarles.

Como cualquier negocio, estas universidades son solamente sostenibles en términos financieros cuando ofrecen su servicio a un precio que el mercado considera aceptable, lo cual sugiere que hay una demanda para más cursos universitarios. Hay varias teorías que explican este fenómeno de tanto interés en la educación superior, como una mayor tasa de desempleo en muchos países después de la crisis o el simple prestigio de asistir a la universidad por razones culturales.

Aunque es casi imposible saber exactamente por qué hay tanto interés en las carreras universitarias, lo que sí sabemos es el resultado de esta situación. En el Reino Unido, los jóvenes nunca han tenido tanta formación como ahora, con un 47% de los graduados escolares que continúan sus estudios en la universidad según la Oficina Nacional de Estadísticas del país. No obstante, esta elevada tasa de ciudadanos cualificados no se traslada al mundo laboral: la oficina gubernamental también afirma que un 31% de los licenciados no tiene un puesto acorde a su formación. Este exceso de cualificaciones es aún más grave en ciertos sectores demográficos, en particular para los graduados británicos de origen africano, de los que solamente un 37% cuentan con trabajos a la altura de su nivel de estudios. Parece que lo único de lo que un recién graduado puede estar seguro es de que empezará su vida laboral en números rojos.

A pesar de la situación negativa que destapan estas cifras, siempre hay un rayo de esperanza. Hoy por hoy, los licenciados suelen tener un mayor salario a largo plazo. Los que han estudiado una carrera universitaria tienden también a tener una mejor posición social. Sin embargo, es necesario un cambio fundamental en la estructura de las universidades y así redefinir qué se enseña, para cumplir con la meta principal de las instituciones dedicadas a la educación superior: crear un mundo mejor para todos.