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Education (Despite It All)

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Over the course of our lives, we will experience a radical transformation in the sector of higher education. Universities will inevitably change because they no longer satisfy their basic goal: to prepare young people for a gratifying and enriching life.

While this mission has changed over time, the main idea has stayed the same: create an environment in which students can engage with, criticize, and try to better understand the world around them. The intrinsic utility of this goal has been to disseminate these ideas amongst all the members of our communities. This process of sharing happens equally whether students decide to pursue a life in the professional, public, or spiritual worlds once they graduate.

However, recently this mission has been diluted, ignored, and effectively forgotten. Prestigious universities, especially in the US, have become hedge funds, with some managing portfolios valued at over $30b thanks to high tuition costs and generous alumni donations. Similarly, we are seeing a considerable increase in the number of private universities, whose main goal is to generate profitability for their shareholders instead of creating social value through its academics. It has never been easier to take advantage of economies of scale in the sector of higher learning, if we consider the fact that professors can teach classes online, minimizing the marginal cost of accepting new students while maximizing the opportunities to charge them for services.

As with any business, these universities are only sustainable financially when they offer their product at a price that the market considers acceptable, which suggests that there is a demand for more university-level courses. There are various theories to explain this obsession with higher education, such as the rising levels of unemployment in many countries after the global financial crash of 2008 or simply the cultural capital that comes with another diploma.

While it is impossible to know exactly why there is so much interest in university degrees, what we can measure is the ultimate result of this push for education. In the UK, young people have never been as educated as they are today: 47% of school leavers continue their studies upon graduation, according to the country’s Office for National Statistics. Nevertheless, this higher rate of qualified students does not translate to the working world: the ONS also notes that 31% of university graduates are underemployed—taking jobs that do not require their degree. This over-qualification is even more significant in certain demographic sectors, in particular for black British graduates, of which only 37% have employment that is on par with their level of studies. It seems that the only thing a recent graduate can be sure of is that they will enter the working world in the red.

Despite the negative picture these numbers paint, there is light at the end of the tunnel: university graduates tend to have a higher salary in the long term. Similarly, there is a certain cultural cache that comes with a diploma. However, a fundamental change in the structure of universities is necessary for them to redefine what they teach and how they teach it. This realignment will allow such institutions to recall the primary goal of higher education: to create a better world for us all.

Educación (a pesar de todo)

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Durante nuestras vidas, vamos a experimentar una transformación radical en el sector de la educación superior. Es inevitable que las universidades cambien porque no están satisfaciendo su principio básico: preparar a los jóvenes para llevar una vida gratificante y enriquecedora.

Aunque esta misión ha cambiado a lo largo del tiempo, la idea principal ha quedado clara: fomentar un ámbito en el cual los universitarios puedan ver, criticar, e intentar comprender mejor el mundo. La utilidad intrínseca de este asunto ha sido divulgar estas ideas entre nuestras comunidades, ya sea a través del ámbito profesional, a través del gubernamental o del espiritual, según elijan los alumnos después de graduarse.

Sin embargo, últimamente esta misión ha sido diluida, ignorada y hasta olvidada. Muchas de las universidades más prestigiosas, sobre todo en Estados Unidos, se han convertido en fondos de cobertura, con algunas que gestionan carteras valoradas en unos 30 mil millones de dólares gracias al alto coste de la matrícula y las generosas donaciones de sus antiguos alumnos. Asimismo, se está viendo un aumento considerable en el número de universidades privadas, cuya meta principal es generar rentabilidad para sus accionistas en vez de crear valor social a través de la enseñanza. Nunca ha sido tan fácil aprovechar las economías de escala en el sector de la educación superior, si consideramos el hecho de que los profesores pueden impartir sus asignaturas por Internet, minimizando el coste marginal de aceptar a estudiantes nuevos mientras que maximizan las oportunidades para cobrarles.

Como cualquier negocio, estas universidades son solamente sostenibles en términos financieros cuando ofrecen su servicio a un precio que el mercado considera aceptable, lo cual sugiere que hay una demanda para más cursos universitarios. Hay varias teorías que explican este fenómeno de tanto interés en la educación superior, como una mayor tasa de desempleo en muchos países después de la crisis o el simple prestigio de asistir a la universidad por razones culturales.

Aunque es casi imposible saber exactamente por qué hay tanto interés en las carreras universitarias, lo que sí sabemos es el resultado de esta situación. En el Reino Unido, los jóvenes nunca han tenido tanta formación como ahora, con un 47% de los graduados escolares que continúan sus estudios en la universidad según la Oficina Nacional de Estadísticas del país. No obstante, esta elevada tasa de ciudadanos cualificados no se traslada al mundo laboral: la oficina gubernamental también afirma que un 31% de los licenciados no tiene un puesto acorde a su formación. Este exceso de cualificaciones es aún más grave en ciertos sectores demográficos, en particular para los graduados británicos de origen africano, de los que solamente un 37% cuentan con trabajos a la altura de su nivel de estudios. Parece que lo único de lo que un recién graduado puede estar seguro es de que empezará su vida laboral en números rojos.

A pesar de la situación negativa que destapan estas cifras, siempre hay un rayo de esperanza. Hoy por hoy, los licenciados suelen tener un mayor salario a largo plazo. Los que han estudiado una carrera universitaria tienden también a tener una mejor posición social. Sin embargo, es necesario un cambio fundamental en la estructura de las universidades y así redefinir qué se enseña, para cumplir con la meta principal de las instituciones dedicadas a la educación superior: crear un mundo mejor para todos.

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